5 de febrero de 2011

02_Reflexión personal crítica sobre la práctica pedagógica


La teoría que nos toca tratar, más bien que elegimos de manera casual a pesar de no ser la parte que más nos llamó la atención a priori, resultó ser difícil, por el gran periodo histórico que abarcaba y la escasez de datos de los que disponíamos. Personalmente me encontré un poco desorientada, en primer lugar porque no controlaba bien los periodos o corrientes artísticas, marco que debía tener claro para enfocar la didáctica de este. Pero poco a poco, entre todas fuimos aclarándoos conceptos y esquematizándolos en rasgos generales, para poder entender el contexto, pero algo me seguía diciendo que me faltaban datos, y es que siempre tengo esta sensación cuando trato momentos muy alejados en el tiempo, me da la sensación que lo que me llega de información no es del todo real, o más bien que solo me llega una parte, una lectura. De echo parece que los conceptos son más claros que en periodos más actuales donde la diversidad de visiones es amplia. Una vez superado, o más bien delimitados los contenidos nos planteamos el cómo tratarlo, llegando al acuerdo de hacer una exposición de estos, dando la visión  en cada época de los mismos aspectos:
1.       Visión del artista y el arte.
2.      A quién se dirigía el arte.
3.      Situación de la enseñanza del arte o dibujo.
4.     Algunas obras representativas.
Esto nos ayudaba a presentar de manera comparativa y clara los distintos enfoques a lo largo de la historia. Lo planteamos como un resumen y análisis sintético apoyado en una presentación realizada mediante Prezi, que permitía cierta flexibilidad y dinamismo, tanto a la hora de trabajar (por permitir un trabajo colaborativo entre el grupo), como a la hora de exponerlo, a la vez que resultaba llamativo como recurso.
El resultado fue gratificante, pues gracias al trabajo en grupo, las aportaciones de unas y otras, creo que llegamos a plantear de manera eficiente la situación del arte y su enseñanza en estos periodos históricos.
Pero a medida que asistía a las “clases” del resto de compañeros, la nuestra me resultaba pobre en cuanto a la metodología, y andaba dándole vueltas a la manera de haberlo podido hacer de un modo más participativo, la verdad que sin tampoco llegar a una solución concreta. Lo que me llevo de esta práctica es la necesidad de controlar muy bien el “qué” para poder innovar y desarrollar de la manera más creativa posible el “como”.
Siento que si el “qué” es un torbellino de ideas no se puede llegar a encontrar un “cómo” que lo contenga todo y participe en el aprendizaje significativo, sin caer en mero entretenimiento, con un contenido como escusa, que tampoco termina de quedar claro.
Si debo decir que el “cliente”, en este caso alumnos de postgrado, está preparado para asimilar conceptos de manera expositiva. Las dudas, y a la vez reto, me surgen cuando nos encontramos ante una clase de secundaria.

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